octubre 11, 2021

Originalidad: por qué se pasa por alto esta importante habilidad en la escuela

La originalidad se traduce en una idea, algo que nadie más podrá replicar, ya que no pueden mirarla a través de tus ojos. Para todos, la originalidad significa otra cosa. Más que una palabra, la originalidad puede considerarse un concepto. Combina nuestra creatividad y perspectiva individual sobre un tema o situación.

Lo que significa la originalidad para nosotros y cómo la percibimos puede cambiar a lo largo de nuestra vida. Sin embargo, lo más probable es que una cosa no cambie: la originalidad y la autenticidad van de la mano. Y ambas cosas tienen más que ver con el autodescubrimiento y con un conocimiento más profundo de nosotros mismos, que con la forma en que los demás definen el ser original.

Un ideal que se promueve en los tiempos actuales de la información y la tecnología es el de diferenciarse y ser único. En las redes sociales, en los artículos de los blogs… nos enfrentamos a los términos  originalidad o autenticidad en todas partes, junto con ejemplos de cómo debemos esforzarnos por incorporarla.

Pero, ¿por dónde empezar? Es muy fácil dejarse llevar por la gratificación instantánea y no por los beneficios y el crecimiento a largo plazo. La originalidad sí consiste en dar un giro a una perspectiva o idea. Pero hacer las cosas a la manera de uno y expresarse libremente puede ser un reto si no se ajusta a las normas comunes. A pesar de ello, compartir las ideas con el mundo puede llevarnos a lugares y personas donde recibiremos apoyo.

Los retos de ser original y auténtico en la era de las redes sociales

La gran cantidad de conocimientos e información disponible hoy en día puede causar mayor presión y preocupación, incluso a las personas más seguras de sí mismas. La presión de ser social, la presión de estar al día con las tendencias, la presión de estar al día con el cambio constante de la tecnología. Las preocupaciones van desde la popularidad en las redes sociales hasta la calidad de los contenidos.

Sobresalir y subvertir las expectativas que el mundo (otras personas) se han creado sobre lo que uno es resulta incómodo. Es un juego de azar: recorrer caminos por los que nadie ha pasado antes puede dar lugar tanto a elogios como a burlas.

En todas partes nos encontramos con los términos originalidad o autenticidad, junto con ejemplos de cómo debemos esforzarnos por incorporarla.

Por muy liberador que sea dar el salto, no todo el mundo se siente capaz de manejar el riesgo de ser rechazado o excluido. Puede parecer un precio muy alto el que se paga si se recibe desprecio, en lugar de estímulo, especialmente si uno es rechazado por la familia y los amigos.

Ese comentario tan ocurrente. Esa frase tan sentida y profunda sobre la vida. Uno piensa en todo ello como algo original, para luego darse cuenta de que alguien ya lo ha dicho antes en algún momento y en algún lugar. ¿Significa eso que uno no tiene nada que valga la pena decir que pueda considerarse original? Incluso si se ha dicho antes, como seres humanos nos basamos en las ideas que nos precedieron. A través de eso llegamos a nuestras propias respuestas y perspectivas únicas. ¡Así que sí, vale la pena compartir nuestra visión de las cosas, incluso si alguien ya lo ha hecho!

En la escuela, la originalidad queda enterrada bajo la estandarización y la presión del tiempo

La originalidad se lleva la peor parte en la escuela. Aunque a los profesores les apasione fomentar la creatividad de sus alumnos, la falta de tiempo y recursos puede limitar las capacidades de los docentes.

Con frecuencia se espera que los estudiantes se comporten de determinada manera para lograr una nota concreta. Leer un artículo y analizarlo según las instrucciones dadas. Escribir la respuesta a un problema matemático que hayan resuelto. Para obtener calificaciones más altas, se espera que sus respuestas expresen matices y sean lo más detalladas y exhaustivas que se pueda.

A primera vista, puede parecer que los estudiantes pueden expresar sus ideas, siendo libres y originales en la forma de presentar argumentos, razones o soluciones. Por el contrario, la mayor parte de la forma en que analizan, aprenden y realizan las tareas está estandarizada por diversas razones.

En la educación pública, tal y como existe en todo el mundo, es fundamental contar con un sistema de calificaciones, requisitos y exámenes regulados para medir el rendimiento y las capacidades. Seguir un camino diferente y una forma alternativa de resolver las tareas o de aprender puede, según la metodología del profesor y del sistema escolar, acarrear dificultades.

Las escuelas imparten información y conocimientos valiosos, pero a través del aprendizaje «de memoria». A los alumnos se les plantean preguntas y aprenden la respuesta. El desarrollo de un pensamiento orientado a la solución, original y crítico se ve truncado en muchas ocasiones. Incluso si los profesores en efecto ven la importancia de estas habilidades, hay diferentes factores que pueden dificultar su aplicación en el trabajo diario.

Originalidad: atrévase a debatir sobre esto

El término originalidad está ligado a muchas suposiciones y expectativas. Es posible que los profesores y los alumnos no tengan la misma comprensión del concepto de originalidad. Cuando iba a la preparatoria (o al gymnasium, como decimos en Suecia), nunca tuvimos una conversación sobre la originalidad en sí. Para mí la palabra no siempre ha sido fácil de entender. Ser original significa crear algo nuevo; ese era el significado que mi mente asociaba inmediatamente con la palabra. Sin embargo, me costó un tiempo no ver esto de «crear algo nuevo» como algo que no existe de alguna forma. Está bien poner la perspectiva propia y única de cada uno sobre la mesa, y está bien que eso sea suficiente.

El diálogo que debe producirse va en ambos sentidos: los profesores y los alumnos deben entender las expectativas de ambas partes. Sin embargo, lo que los profesores deben tener en cuenta, ante todo, es crear un entorno en el que los alumnos se sientan lo suficientemente seguros como para plantear sus preguntas y manifestar sus inquietudes, especialmente en las clases en las que los estudiantes pueden ser más reservados.

Puede ayudar que los profesores tengan en cuenta que los alumnos son los mismos que antes: inciertos, un poco aprensivos quizás, pero también curiosos y con ganas de entender y aprender. En un entorno seguro y comprensivo, esta curiosidad y esta voluntad de aprender pueden convertirse en ideas originales y en una expresión confiada de sí mismos.

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